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miércoles, 30 de noviembre de 2011

Ella

El viento arrancó las hojas allá lejos, y aquí viene a dar la muerte a mis pies.
Detrás de las montañas, más allá de las tierras negras y llanas del sur, escucho su cantar como suspiro; viento, frío, lluvia.
El otoño en la ciudad es como Ella; tímida, helada, fúnebre; pero enamora, enamora como sus ojos, como sus ojos y sus labios enamora.


Y como sus manos toca, como sus dedos delicados acaricia.
El otoño es Ella en mil ocasiones distintas y otras mil que son iguales; Ella es el otoño, con cada hoja rojiza salpicada de muerte arbórea, cada calle a medio congelar, cada giro y recoveco citadino, cada estación de metro y parada de autobús; Ella es así, dinámica, misteriosa, ambigua y hasta ilógica.


Es como el dulzor de las mañanas, como la nostalgia de las tardes.
Es vida, esperanza, y a al vez muerte y desolación.
El otoño es como Ella.
Ella es el otoño, y la ciudad su cuerpo apenas.


Y Ella enamora como enamora la ciudad, como enamora con sus colores el otoño; Ella en pulcra perfección vive, como vive en muerte la vida, como muere en vida la muerte; Ella es gris y de muchos colores.
Ella es simplemente Ella; la ciudad la envidia.
Y el otoño le hace reverencia.

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